viernes, 6 de julio de 2012

Siete años para la empleada del bajista de U2, que, tras robarle €2.8 millones, ha acabado en la indigencia

Carol Hawkins: adios
a la libertad
Si robas €2.8 millones del dinero de tu jefe, puedes esperar una sentencia considerable, entonces los siete años que Carol Hawkins recibió hoy no vino como sorpresa.

Su argumento, que el músico Adam Clayton sabía de las compras y que ella nunca había sido formado antes que hacerse asistente personal de Clayton, era nada menos que patético y el juez lo describió como "una absurdez".

Según él, el crimen fue "un abuso de confianza grave, hecho astutamente con el paso del tiempo. Un crimen con raíces en avaricia y nada más, y sea idiota o lista, eso importa.

"Ella no es una néofita y no viene sin experiencia, porque había operado un hotel pequeño." (si, yo tuve que buscar 'neófita' en el diccionario también).

La ironía es que, tras despilfarrar millones en sólo cuatro años, ahora Hawkins no posee nada en el mundo.

Compró 22 caballos de pura sangre para su marido, que luego la abandonó. Pagó €367,000 por un condominio en Manhattan que se vendió por €79,000 menos, con el dinero devuelto a Clayton.

Ha sido echado de la mansión de Clayton, donde vivía sin pagar renta y tiene deudas personales de €34,000, aunque, evidentamente, no tendrá que preocuparse con alojamiento para unos años.

Como su abogado admitió, ni siquiera tiene la excusa de una adicción al juego - el dinero simplemente se evaporó.

Claramente ingenua, Hawkins todavía afirma su inocencia y su representativo dijo ayer: "Sin duda no reconoce el veredicto del jurado, porque creyó que tuvo la autoridad de hacer los cheques".

Pero no te sorprendas si ves este caso ante el tribunal de nuevo dentro de un año.

Como ya he escrito, el comportamiento del jurado después de su condena dará a Hawkins causa suficiente por un recurso exitoso. Mientras tanto, la furgoneta que llevó Hawkins a la cárcel después del juicio esta tarde tuvo el número de registración 'U2'.

Las autoridades afirman que fue pura casualidad, pero tal vez fue el destino. 

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