miércoles, 4 de julio de 2012

Bienvenido a Irlanda, donde los intolerantes son venerados por miedo de ofenderles

El Orden de Orange durante la infame confrontración en Drumcree, Irlanda del Norte.
Prohibido el desfile por una calle católica, estos "sujetos leales" atacaron a la policía



Ya he escrito sobre la naturaleza de los irlandeses y como a veces podemos estar demasiado acogedores y demasiado deseosos de complacer. Sin duda, hace el país un buen lugar para visitar, pero de vez en cuando, nos hace parecer tontos ingenuos.

Como ayer, por ejemplo, cuando una delegación de la organización sectaria norirlandesa llamado el Orden de Orange fue invitado a hablar en el Senado de la Republica, una invitación que ellos usaron para darle un sermón a los presente sobre como debemos cuidar más con la población protestante del estado.

La mayoría de vosotros no conoceréis ni entenderíais el Orden de Orange, o tal vez sí, dado su habito de insistir en desfilar por barrios nacionalistas en Irlanda de Norte, a pesar de la objecciones de los vecinos. De hecho, en muchos países, una hermandad establecida para conmemorar una batalla que ocurrió hace más de 400 años ni siquiera existiría.


Pero esto es Irlanda, y aquí la vida es diferente. En resumen, la razón de ser del Orden es para celebrar la victoria del rey holandés protestante Guillermo de Orange sobre el rey inglés católico James el 12 de julio, 1609.

Según sus miembros, esto garantió la libertad religiosa para protestantes en Irlanda, un país en que siempre han sido superado en número por la mayoría católica. En esta época, tal vez esto fue así, pero ahora, mientras el resto del país ha dejado atrás la discriminación religiosa, ellos quedan en la Edad Oscura.

Dieron un ejemplo perfecto de su mentalidad recientemente cuando una de sus logias en Belfast intentó echar de la Orden el líder del Partido Unionista de Ulster (UUP) por asistir al funeral de un policía católico asesinado por disidentes republicanos.

El Orden prohíbe que católicos sean miembros (no es que quieran ser, de todas formas) y tiene una perspectiva sectaria en general: un sondeo reciente mostró que sólo seis por ciento de los miembros en Irlanda del Norte permitiría que su hijo se case con una católica.

Lo que me dejó al punto de desesperación ayer fue que se convidó a esta gente entrar en el Senado, sermonear a nosotros y entonces exigir el derecho de desfilar por las calles de Dublín – algo que resultó en caos la última vez que se permitió debido a disturbios causados por provocadores republicanos.

Y los senadores quedaron ahí, escuchando y dando aplausos y ni siquiera uno de ellos – ni uno – tuvo los huevos de preguntar al jefe del Orden sobre su propia naturaleza sectaria y si van a cambiarse. No, porque tienen miedo de ofender a estos caballeros.

Tampoco es la primera vez que algo así pasó en Dublín; me recuerdo de la vez que invitaron a Gerry Adams a comparecer en el Late Late Show, el programa de entrevistas más popular de Irlanda, y le interrogaron sin piedad sobre los vínculos de Sinn Fein con el IRA – como debe haber sido.

Sin embargo, cuando más tarde invitaron a Ian Paisley – que había incitado a muchedumbres lealistas a atacar barrios católicos en Belfast, que había organizado manifestaciones contra derechos civiles para católicos, que formó su propio grupo paramilitar y que llamó al Papa un ‘anticristo’ en el parlamento europeo – a ser entrevistado, Paisley recibió el tratamiento más suave posible.
No hablaban de aquellos temas incómodos, en cambio le hicieron la pelota para evitar que el pastor distinguido se ofenda.

Porque así somos los irlandeses. Acogedores en extremo, incluso cuando nos hace parecer cobardes completos.

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