jueves, 17 de mayo de 2012

La federación irlandesa de fútbol reconoce la masacre de sus seguidores, 18 años más tarde

Loughlinisland...reconocido por fin
Cuando la selección irlandesa sale al campo contra Italia en la Eurocopa el 18 de junio, llevarán brazaletes negros para marcar el dieciocho aniversario de una de las masacres más asquerosos de los ‘Troubles’ de Irlanda del Norte. Aquella noche en 1994, la gente del pueblo de Loughlinisland en el condado Down se había juntado para ver Irlanda contra Italia en el Mundial en Nueva York. Al comenzar el partido, dos miembros de la banda terrorista protestante, la Fuerza Lealista Voluntaria (UVF en inglés), entraron en la taberna y abrieron fuego indistintamente con rifles de asalto. Seis hombres, entre ellos Barney Greene, de 87 años, murieron en el acto, y cinco más sufrieron heridas graves. Los asesinatos se huyeron del bar riéndose. Irlanda ganó el partido por 1-0, pero había poco ambiente de fiesta el día siguiente.

Lo lógico sería que la federación irlandesa de fútbol, la FAI, hiciera algún gesto de respeto hacía las víctimas, en particular dado que murieron mientras hincharon la selección de la Republica, el equipo nacional por muchos católicos en el Norte (para aprender más, ver mi post sobre eltratamiento de James McClean por la hincha norirlandesa). Pero no hubo brazaletes negros cuando jugamos contra México el 24 de junio, ni contra Noruega cuatro días más tarde.

No obstante, la FAI no dudó en ordenar los jugadores irlandeses llevar las mismas brazaletes tras la muerte de la princesa inglesa Diana en agosto 1997. Fue típico de la actitud de algunos en la Republica, quienes hicieron todo lo posible para evitar ‘ofender’ los unionistas en el Norte, pero quienes se mostraron en gran parte ambivalentes hacia sus propios compatriotas nacionalistas.

El UVF perpetró la matanza en venganza por el asesinato de tres miembros por la banda republicana, el Ejército Irlandés de Liberación Nacional (INLA), dos días antes. Fue típico de los grupos ultraderechistas lealistas, quienes en general fueron pocos organizados e incapaces de contraatacar a sus adversarios republicanos. En cambio, solían elegir católicos inocentes, a menudo taxistas, y matarlos. Frecuentemente, estropearon incluso aquella táctica sencilla – el día antes de Loughlinisland, asesinaron dos protestantes en el pueblo de Newtownabbey, tomándoles por católicos.

Los asesinatos de Loughlinisland quedan impunes, aunque existe evidencia de colusión de la policía. Cuatro soplones entre el UVF sabia del ataque con antelación, pero no hubo esfuerzos para impedirlo. La policía encontró el coche de huida, pero más tarde, lo destruyó. En 2010, un miembro de la reserva policial fue detenido por ocultar evidencias y perversión de la justicia, pero nunca fue procesado.

Las familias de las víctimas de Loughlinisland saben que no se llevarán los asesinos a la justicia. Su reacción ayer al plan de las brazaletes fue generosa, y se declararon ‘emocionados’ por el gesto. Aunque para mi es un gesto que debería haber sido hecho hace 18 años.

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